
Emprender suele empezar con una idea. Un producto, un servicio, una oportunidad que creemos haber descubierto o, simplemente, el deseo de construir algo propio. Pero entre tener una idea y conseguir que alguien esté dispuesto a pagar por ella existe una distancia considerable.
Un negocio empieza de verdad cuando aparece el primer cliente. Y comienza a demostrar que puede existir cuando ese cliente deja de ser una excepción.
El entusiasmo resulta imprescindible para empezar, pero no valida un proyecto. Tampoco lo hacen los elogios de familiares y amigos, los seguidores en una red social o la convicción del propio emprendedor. El mercado tiene una forma bastante menos complaciente de responder: compra o no compra.
Por eso emprender comercialmente exige aprender muy pronto a observar. Quién compra, por qué lo hace, cuánto está dispuesto a pagar, qué alternativas tiene, qué valora y qué tendría que ocurrir para que volviera. Muchas buenas ideas desaparecen no porque fueran malas, sino porque nunca consiguieron transformar una propuesta interesante en una actividad comercial sostenible.
Vender tampoco resuelve todos los problemas. Hay negocios que venden mucho y ganan poco, crecen demasiado deprisa, calculan mal sus costes o descubren demasiado tarde que cada nueva venta aumenta también sus dificultades. Facturar no es lo mismo que construir una empresa.
El emprendimiento obliga además a convivir con una realidad que pocas veces aparece en los relatos de éxito: decidir con información incompleta, administrar recursos que siempre parecen insuficientes y asumir personalmente las consecuencias de muchas de esas decisiones.
Pero precisamente ahí reside una parte importante de su valor. Emprender permite convertir una intuición en una propuesta, una propuesta en clientes y, cuando las cosas se hacen suficientemente bien, esos clientes en una organización capaz de crear actividad, riqueza y puestos de trabajo.
En este apartado del Cuaderno de Comercio reúno reflexiones sobre emprendimiento, modelos de negocio, clientes, ventas, rentabilidad y construcción de empresas desde esa perspectiva.
No para explicar cómo convertir cualquier idea en un negocio.
Para comprender qué tiene que ocurrir para que una idea deje de necesitar nuestra fe y empiece a sostenerse en la realidad.
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50 Pasos hacia la Excelencia. Paso 12. Planifique
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