Sentido


Pasamos buena parte de nuestra vida ocupados en hacer cosas. Trabajamos, aprendemos, construimos relaciones, asumimos responsabilidades, perseguimos objetivos y resolvemos los problemas que aparecen por el camino. Pero no siempre nos detenemos a preguntarnos para qué.

Porque una vida llena de actividad no es necesariamente una vida llena de sentido.

El sentido no tiene por qué encontrarse en una gran misión ni en un propósito extraordinario. Puede estar en aquello que construimos, en las personas que cuidamos, en el trabajo que hacemos, en una convicción, en la fe, en el conocimiento, en el servicio a los demás o simplemente en la conciencia de estar dedicando nuestro tiempo a algo que consideramos valioso.

Y tampoco permanece necesariamente inmutable. Lo que daba sentido a nuestra vida en un determinado momento puede dejar de hacerlo años después. Cambiamos nosotros, cambian nuestras circunstancias y cambia también nuestra manera de entender aquello que merece nuestro esfuerzo.

El éxito puede proporcionar reconocimiento, dinero, influencia o libertad. El fracaso puede arrebatarnos buena parte de todo ello. Pero ninguno de los dos responde por sí mismo a una pregunta mucho más profunda: si aquello a lo que estamos dedicando nuestra vida merece realmente el tiempo que le estamos entregando.

Quizá por eso el sentido se descubre tantas veces mirando hacia atrás. Algunas cosas que parecían extraordinariamente importantes terminan resultando pequeñas; otras, a las que apenas prestamos atención mientras sucedían, descubrimos después que fueron esenciales.

Buscar sentido tampoco significa encontrar una explicación para todo cuanto ocurre. Hay acontecimientos que probablemente nunca comprenderemos. Significa decidir qué hacemos con el tiempo, las capacidades, las oportunidades y las personas que forman parte de nuestra existencia mientras podemos hacerlo.

En este apartado del Cuaderno de Valores reúno reflexiones sobre propósito, trascendencia, éxito, fracaso, tiempo, legado y las razones que pueden hacer que una vida merezca ser vivida de una determinada manera.

No para responder cuál es el sentido de la vida.

Para no llegar demasiado lejos sin habernos preguntado qué sentido tiene la nuestra.

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