Les subo ahora, un enlace sobre la ACTITUD frente a la APTITUD y la necesidad de que los líderes adopten decisiones valientes y muestren también su carácter, cuando más necesario es, ese mismo que van a exigir a sus nuevos o antiguos colaboradores.
Contraviniendo mis propias normas, les voy a hacer un poco de ‘spoiler’ de la película, mejor dicho, del corto que les he editado para explicar el caso de hoy. Esto va de un entrenador de fútbol americano de cierto prestigio en las ligas universitarias que, por fin, alcanza la liga profesional. Además, se trata de un caso real.
Está seleccionando a su equipo de jugadores para su primera temporada y sus colaboradores le dirigen hacia el «más vale malo conocido, que bueno por conocer«. Tratan de asegurar el tiro, aunque eso les cueste dejar pasar alguna oportunidad. La frase culminante es: La gente (el público, el resto de jugadores, etc.) no quiere carácter (el principal activo de una potencial estrella que él ha detectado), quiere victorias. ¡Cuántos buenos jugadores se habrá perdido el deporte por este viejo y caduco axioma!
Su indecisión comienza a causarle un estrés difícilmente asumible (trabajar más horas, sustraerle tiempo a su familia, desorden en las horas de la comida… ¿les suena de algo?). Su mujer le trae a sus hijos, para que los vea y, ya de paso, la cena, a su oficina en el Club. Lo ve preocupado y le recuerda una frase muy suya (del coach):
El carácter se demuestra en los momentos más críticos
Piensa erróneamente que lo dice por él, pero ella se lo aclara. No lo decía por ti. Así cae en cuenta que por muchas aptitudes que alguien tenga, lo que nos acabará sacando del pozo es el carácter, la actitud.
Él estuvo a punto de cometer un error. ¿Sabrías detectar cuál y en qué momento?
No pierdan detalle, es cortito —no llega a los siete minutos—, suficiente para abrir un período de reflexión altamente efectivo.
