¿Sabe usted, señor ministro, de lo que habla?


Este es un cuento adaptado de internet pero tan real como la vida misma. Sirve para explicar porqué nuestros gobiernos y, por su actuación, nuestros gobernantes no son capaces de sacarnos del atolladero en el que nos metieron por su ignorancia, su ineficiencia, su ineficacia, su desconocimiento y su falta de preparación. Sí, sé que me dirán que muchos de ellos son reputados profesores, con muchos títulos colgados en la pared de sus despachos, con MBA’s, consejeros de grandes compañías y, algunos, ocupando cátedras en universidades de reconocido prestigio. Pero, lo cierto es que no, son capaces de sacarnos adelante. … Continúa leyendo ¿Sabe usted, señor ministro, de lo que habla?

Cambia tus palabras, cambia tu mundo


¿Cuántas batallas nos ahorraríamos si dispusiéramos siempre de las palabras adecuadas en cada momento?¿cuantos errores no se llegarían a dar, ni malos entendidos, ni disputas iniciadas sin fundamento? Ahora que está de moda inscribirse en cursos de todo tipo, para mejorar profesionalmente y a nivel interior, sólo una minoría es capaz de comprender la importancia de una comunicación eficaz. Continúa leyendo Cambia tus palabras, cambia tu mundo

Todos tomamos decisiones. Lo difícil es vivir con ellas.


La cuestión no es tanto que las tomemos, no hacerlo implica una toma de decisión implícita, sino cómo vamos a ser capaces de convivir con dicha decisión. Eso hace que temamos y retrasemos, continuamente, las decisiones que, de haberlas adoptado en su momento, nos hubieran podido revertir importantes beneficios personales, económicos o profesionales. Continúa leyendo Todos tomamos decisiones. Lo difícil es vivir con ellas.

Déjame, Señor, morir enamorado.


Si acabamos anteponiendo las cuestiones económicas a las personales, no cabe duda que estamos viviendo en un país muy pobre económicamente; lo daremos por bueno porque no hay otra, pero deberemos tomar decisiones, cuando salgamos de la pandemia, y cobrarnos en las urnas las mentiras, los errores y las incompetencias de nuestros pésimos e indolentes gestores. Lo que no vamos a permitir, o no debiéramos hacerlo, es dejar que nos quiten la última de nuestras libertades: Amar. Continúa leyendo Déjame, Señor, morir enamorado.